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28 de marzo de 2019

Una familia de detectives

Los cuatro hermanos Rosa dirigen una de las agencias de investigación más grandes de España, siguiendo el testigo de su padre


Un dibujo de Sherlock Holmes con gesto gamberro recibe al visitante. En la recepción, una mujer de pelo corto identifica a todo el que accede a la oficina de Detectys y le recuerda que está prohibido tomar fotografías del interior. Varias decenas de detectives privados, la mayoría de ellos jóvenes, trabajan enfrascados en sus pantallas, hacen llamadas y redactan informes.

Se trata de una de las agencias de investigación más grandes del país (tan solo hay tres de estas dimensiones en todo el territorio) y está dirigida por los cuatro hermanos Rosa, hijos del también detective Manuel Rosa, uno de los pioneros que revolucionó el sector a finales del siglo pasado. «Esto nos viene de familia, lo veíamos desde pequeños», explica Óscar Rosa, mayor de los cuatro. No obstante, la profesión ha cambiado y se aleja de la percepción que el gran público tiene de sus procedimientos: «No llevamos armas, es un trabajo como otro cualquiera».

La historia de esta empresa es la de Manuel, que conoció el oficio «como cosa del destino», comenta Óscar. «Hoy en día uno elige ser detective privado porque hay que hacer una carrera, pero en sus tiempos tan solo hacía falta un sello administrativo». Su padre (el abuelo de Óscar) era cabo de la Guardia Civil, por lo que la seguridad le corría por las venas. Comenzó como becario en el despacho del detective José Carlos García. Más adelante se independizó y junto a dos empleados se dedicó a redactar informes comerciales para determinar la validez de los clientes y otras cuestiones. «Es un detective muy visionario y dio el gran salto cuando se dio cuenta de que cada banco tenía una base de datos propia que se llama RAI, relación de afectados impagados». Cada entidad trabajaba con sus propias tablas, por lo que Rosas padre tuvo la idea de fusionarlas todas y crear una herramienta única para todo el país. «Empezó a viajar a Madrid a buscar al tiburón grande, en 1986 llegó a tener a 200 personas mecanizando la información de la base de datos de morosidad».

El sistema de Manuel Rosa estuvo vigente hasta el año 2000. Mientras tanto, el oficio iba calando en sus cuatro hijos: Pedro, Maribel, Alberto y Óscar. «Desde chico lo vas asimilando, es como si tu padre es actor y te habla de los ensayos o de una nueva película… nos metió el gusanito. Si bien yo soy el mayor y a mí siempre me decía que tenía que ser chico de empresa». De hecho, Óscar estudió dirección y administración de empresas antes de sacarse la licencia de detective privado.

Pero, ¿qué es ser detective privado en España? ¿Cuánto hay de verdad en lo que se conoce extrae de los libros y las películas? «El imaginario de la literatura y el cine no nos ha perjudicado, pero somos de las pocas profesiones a las que se identifica con un vestuario concreto; si ves una gabardina, un gorro y una pipa en seguida dices… es un detective privado». Óscar explica que las películas que siempre versan sobre este oficio son americana. «Allí el detective privado es un departamento especial de la policía, el que se hace investigador privado más adelante es alguien que tiene o muchos contactos en el cuerpo o lo ha sido posteriormente y monta su despacho, sin ningún tipo de regulación ni gubernamental ni formativa». En España hay que estudiar una carrera de tres años, lo que «marca la diferencia» con el resto de países. «Es una profesión regulada por el Ministerio del Interior, hay unas normas, por ejemplo, yo no puedo llevar un arma, lo primero que piensa todo el mundo es que puedo ir armado pero tengo el mismo derecho de cualquiera para hacerlo». Igualmente, los detectives españoles no pueden «saltarse la ley» ni «invadir la intimidad de una persona». Además, todas las investigaciones tienen que tener «un interés legítimo» y no pueden investigar delitos. «Las bases de las películas son secuestros o asesinatos, pero si nosotros en nuestro trabajo nos encontramos con un crimen tenemos que ir inmediatamente a la Policía».

No son solo secuestros (que nunca les ha pasado). «Nos encontramos muchos fraudes y muchos delitos económicos, que inmediatamente comunicamos, aunque lo habitual es que la propia Policía nos pida que sigamos investigando hasta el final». Además, en España hay tan solo unos 2.500 detectives privados en activo. Una vez acabas la carrera hay que colegiarse y tramitar la licencia en Seguridad Privada del Ministerio del Interior: los profesionales que quieran trabajar no han podido ser anteriormente policías o militares, y no pueden tener antecedentes penales.

Entonces, ¿cuál es el gran grueso de trabajo de una agencia de investigación privada? Aunque siguen existiendo despachos pequeños y hay muchos detectives privados (de hecho Detectys trabaja con ellos a nivel nacional para la mayoría de gestiones sobre el terreno), una compañía como la malagueña se centra en entidades financieras, empresas, aseguradoras y abogados. En los últimos años, los informes que más han crecido son los de Compliance (o cumplimiento), que buscan determinar la idoneidad de sobre nuevos trabajadores o directivos, además de Informes de reputación sobre nuevos proveedores y monitorización de directivos y allegados. También desarrollan muchas investigaciones en el ámbito industrial sobre falsificaciones de productos, fraudes en los datos escolares para la adjudicación de plazas recientemente también se están desarrollando informes sobre inquilinos para inmobiliarias.

Preguntas incómodas En una de las salas de juntas se reúnen los cuatro hermanos. Óscar es la cara visible de la empresa, pero Alberto, Pedro y Maribel hacen trabajo de calle por todo el país y prefieren evitar mostrar su rostro. El celo profesional es clave a la hora de que su trabajo sea eficiente, pese a que llevan una vida «normal». Por eso, cuando alguien al que acaban de conocer les pregunta a qué se dedican suelen desviar la atención. «Normalmente trato de evitar decir que soy detective privado y digo algo en lo que me siento cómodo, generalmente digo que soy perito o abogado», comenta Alberto. Pedro dice que trabaja en una agencia de seguros «y así se evitan muchas preguntas». Maribel prefiere decir que es administrativa, y si quiere «marcarse el rollo» dice que se dedica a los productos químicos, porque «ahí nadie entiende y se acaba el interrogatorio».

Pedro comenta que el detective privado lleva una vida «completamente normal, no hay que esquivar ninjas ni agentes del FBI para llegar a casa». «Es un trabajo como otro cualquiera, desconectas en casa cuando puedes». Alberto explica que finalmente son «como un perito» que aporta pruebas en un proceso, aunque esa información a veces puede dañar a una persona, de ahí que eviten desvelar su identidad. «Nos gustaría que en los juicios no se dijera en voz alta y nos idenficasen como a los policías, con un número de TIP… hay personas que cuando descubrimos que están engañando a veces reciben penas». Maribel coincide, además, al ser mujer siente que tiene un trabajo «distinto» al de sus amigas y su círculo. «A veces por ser mujer hay que andarse con un poco más de ojo a la hora de llevar una investigación, pero me gusta tanto el trabajo que nunca he sentido miedo». Detectys cuenta con treinta licencias –el 80% de ellas de mujeres, un dato muy por encima de la cuota femenina a nivel nacional, que no llega al 29%–.

Pedro comenta que de las pocas cosas de este oficio que se asemejan a la literatura y el cine está en las vigilancias. «Estás sentado esperando a que salga una persona del portal, pero no hay nada emocionante de ir con la pistola en la mano en un callejón oscuro». La única forma que tienen los detectives de defenderse es «con el ingenio y la palabra». Alberto reconoce que en las esperas se viven un momento de adrenalina. «De estar alerta a pasar a la acción hay un subidón importante en el que el corazón se acelera, es cuando se siente que es un trabajo divertido». Si una persona se da la vuelta en la calle y les pregunta si les está siguiendo, la respuesta es sencilla: «Yo no le estoy siguiendo caballero, usted sabrá lo que está haciendo», comenta Alberto, aunque a ellos nunca les ha ocurrido.

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