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23 de marzo de 2020

ERTES sí, ERES no

Es una obviedad decir que vivimos en sociedades saturadas audiovisualmente, sociedades donde fácilmente se puede caer en la desinformación, los bulos y las fake news, que además en los tiempos en los que estamos, con el coronavirus de fondo, nos pueden generar más pánico e incertidumbre.


Uno de los éxitos del neoliberalismo tiene mucho que ver con esa incertidumbre. Lo vimos en la crisis de 2008, la precariedad está fuertemente vinculada a no saber qué pasará con nuestros empleos, nuestros salarios, nuestras casas, y en definitiva nuestro bienestar futuro. Para no cometer errores del pasado, es fundamental estar bien informados, y no perder de vista que la economía debe estar al servicio de la ciudadanía, de los trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Por ello, hemos creído necesario escribir este artículo, para arrojar un poco de luz sobre un procedimiento que está siendo muy usado estos últimos días: los ERTEs. ¿Son buenos o malos? ¿Hay que incentivar su uso, o por el contrario combatirlos? ¿Pueden los ERTES ser un buen instrumento para frenar la destrucción de empleos y salarios? ¿Podrían convertirse en una excusa a futuro para aplicar ERES cuando se desactive el coronavirus? El papel de los sindicatos, y también del gobierno, va a ser clave para proteger y defender nuestros derechos.

Hablar de ERTE asusta, no solo por su parecido con el ERE. La aplicación de EREs por parte de la patronal no es nada nuevo, desde los más sonados y peleados hace décadas en Fasa-Renault, Iberia, los sufridos en las cadenas de televisiones autonómicas como TeleMadrid y Radio Televisión Valenciana, o uno de los más conocidos en los últimos años como es el de Coca-Cola, donde tras cinco años de protestas el heroico esfuerzo de todas las familias trabajadoras, y de las espartanas de coca cola en lucha, supusieron un triunfo laboral y un golpe aún más doloroso para Marcos de Quinto que el propio batacazo electoral de C’s en las últimas Elecciones Generales. Los EREs son una realidad, y en tiempos de crisis tenemos que estar prevenidos, pero los ERTEs no son EREs. Una correcta aplicación de los primeros pueden ser un mecanismo eficaz y adecuado para para impedir que se lleven a cabo futuros EREs.

Al grano. España posee un delicado tejido productivo, la economía de sol, playa y ladrillo, ya demostró ser un modelo ineficaz, caduco y peligroso para una economía que pretende estar en el Grupo de los Diez. Los diferentes gobiernos no han sabido engancharse al tren de la modernización industrial, no han sabido y no han querido apostar por la reconversión de nuestro modelo productivo, y entre otras cosas, aprovechar el potencial nacional en la producción de energías renovables como la eólica o la solar, pues en vez de surtidores de energía limpia a Europa, somos receptores de desechos nucleares.

Nos guste o no, este precario modelo es el que tenemos, y se avecinan en el corto plazo, tiempos de resistencia. Para cambiarlo necesitamos obligatoriamente defenderlo en estos momentos, y para ello tenemos la figura del ERTE. Si, del ERTE: Expediente de regulación de empleo temporal. Los objetivos a día de hoy son evitar la destrucción de empleo, el mantenimiento de los ingresos mensuales de la clase trabajadora y la pérdida de derechos laborales tras la crisis originada por el Covid-19. Los sindicatos y este gobierno, tienen por delante el reto de velar para que la puesta en marcha de los ERTEs se haga de una manera clara, protegiendo siempre los derechos laborales de los trabajadores.

Las PYMES y grandes empresas que ya han anunciado un cese temporal de su actividad, como Burguer King y Seat, van a tener un parón parcial o total de la actividad. Con este mecanismo, estas empresas, podrán reducir la jornada o suspender la actividad sin necesidad de que se produzcan despidos. Durante el tiempo de duración del ERTE, el trabajador o trabajadora mantendrá la relación contractual con la empresa, no acudiendo a su puesto de trabajo, y garantizando su acceso al paro, independientemente de si han cotizado lo suficiente o no para el cobro de la prestación por esta situación de excepcionalidad. Tras el ERTE, las empresas deben asegurar la reincorporación inmediata de toda la plantilla en las mismas condiciones de sueldo, categoría y antigüedad. Asimismo, también se les volverán a reponer los derechos futuros sobre la prestación de desempleo. El Estado no puede permitir bajo ningún concepto que la aplicación de estos ERTEs, sean la puerta de entrada a futuros EREs. Por tanto, si el Estado somos todos, asumiendo que debemos proteger nuestro tejido productivo, sin dejar por el camino a ninguna familia atrás, la patronal española tiene que hacer el mismo ejercicio de responsabilidad y solidaridad.

El gobierno por su parte, deberá actuar con valentía, garantizando si fuera necesario con herramientas como el artículo 128.1 de la Constitución Española para el mantenimiento de la actividad económica, y por ende, de empleos, sueldos y salarios, evitando que las empresas tomen medidas en detrimento del interés general. En este sentido, las moratorias hipotecarias anunciadas por el Gobierno, y las medidas que ha expuesto el Presidente del Gobierno tras el último Consejo de Ministros, que se traducen en ese Real Decreto-ley dotado económicamente por 200.000 millones de euros (en torno al 20% del PIB nacional) que entre otras cuestiones refuerza las prestaciones básicas a Comunidades Autónomas y Administraciones Locales, garantiza el suministro energético y las telecomunicaciones a los sectores más desfavorecidos, las medidas de puesta en marcha de iniciativas I+D+i para la adaptación del teletrabajo en estas semanas de cuarentena y la protección laboral de los trabajadores afectados por los tan comentados ERTEs, van precisamente en esa buena dirección.

Pese a los ya tradicionales ladridos de la derecha, protagonista de los principales intentos de privatización y desmantelamiento de nuestra Sanidad Pública (que por cierto, hoy salen a aplaudir desde sus balcones), la gestión sanitaria por parte del Gobierno está siendo acertada, y así lo han expuesto autoridades sanitarias como Tedros Adhanom Ghebreyesus, director la de Organización Mundial de la Salud. Este buen hacer en el aspecto sanitario, tiene que continuar en el terreno laboral, y que la salida de esta crisis creada por el virus Covid-19 sirva para empujar por un nuevo modelo productivo, una mejor redistribución de la riqueza, fortaleciendo nuestros servicios públicos y ampliando derechos laborales y sociales. Y en esa ampliación, en este caso creación de nuevos derechos, no olvidarnos de quienes ni siquiera podrían acogerse a un ERTE, al no estar dadas de alta en la Seguridad Social, como las compañeras empleadas del hogar, que se encuentran en una situación de absoluta indefensión, cargando en sus espaldas con los cuidados y el sostenimiento de la vida.

Nuestro objetivo principal y más urgente es frenar el avance del coronavirus frenando la curva y protegiendo nuestra salud pública, pero también frenar la posible destrucción de empleos y salarios, evitando que los efectos negativos de esta situación no los paguemos los de siempre: los más precarios. Por tanto, los ERTEs bien hechos y bien aplicados, pueden servir precisamente para paliar la situación de fragilidad a la que se enfrentan las empresas, al mismo tiempo que garantizan el salario de los trabajadores. Los sindicatos tendrán aquí que velar por el buen proceder de las empresas, asesorando desde sus servicios jurídicos y desde la representación legal de los trabajadores en los centros de trabajo como están haciendo, para que nadie esté desprotegido.

Por otro lado, uno de los mayores retos a futuro será combatir la posibilidad de aplicación de EREs en un escenario, que previsiblemente será adverso para el conjunto de la población. Todos nuestros esfuerzos por tanto deben ir encaminados a incentivar en ese nuevo contexto la actividad económica, el consumo y que el poder adquisitivo de hogares y familias no se vea afectado. Y aquí las medidas más importantes deben venir de la mano del gobierno, no sólo estimulando la economía y frenando la posible desaceleración como consecuencia del parón de estas semanas, que incluso pueden ser meses, sino fundamentalmente a través de un plan de choque social que proteja a trabajadores, autónomos, pymes y familias. Estos difíciles momentos nos vuelven a poner a prueba como sociedad. Las recetas neoliberales y austericidas del pasado han demostrado ser un absoluto fracaso, ya que quien ha cargado a sus espaldas con las peores consecuencias ha sido los trabajadores más pobres de nuestro país. Los recortes en servicios públicos también han demostrado una vez más, la debilidad de nuestro sistema para enfrentar pandemias como la que estamos viviendo.

Quizás sea un buen momento de reinventarnos, y de poner por delante de toda la justicia social, la redistribución de la riqueza, la igualdad, la solidaridad y el bienestar del conjunto de la población. La batalla es, también, por la construcción de un nuevo país.

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